Parece que a los españoles nos gusta sumarnos a tradiciones, en principio, poco arraigadas a las nuestras. De nuestros habituales carnavales o la visita al camposanto el Día de Todos los Santos, hemos pasado a celebrar Halloween o incluso Thanksgiving.

Los motivos pueden ser muchos, pero sin duda, detrás de todo ello está la incentivación del consumo. Así, comercios y empresas de todos los ámbitos aprovechan estas nuevas “modas” para alcanzar mayores ventas fuera de los periodos de rebajas.

Pues bien, a las fechas anteriormente señaladas hay que sumarle otra que, sin duda, ya motiva el desenfreno de los consumidores. Se trata del Black Friday. Una práctica que el mundo anglosajón utiliza como pistoletazo de salida de las Navidades tras el día de Acción de Gracias, pero parece que a España ha llegado para quedarse.

Sin embargo, ya pocos recuerdan que la primera marca que anticipó un periodo de rebajas (en este caso el Black Friday) a antes de las fiestas navideñas, terminó en los tribunales. Entonces los periodos de rebajas estaban regulados, pero en la actualidad están liberalizados y cada enseña puede aplicarlas cuando considere.

Ahora todo se complica, y lo que antes se reducía a un día, parece durar una eternidad. Desde hace semanas ya nos están invadiendo a mensajes sobre adelantos de Black Friday, ampliaciones de descuentos, etc. Unos mensajes que, aunque no lo sepamos, nos generan necesidades que en principio no teníamos, y que nos pueden provocar altos ratios de estrés.

Y es que no podemos olvidar que vivimos en una sociedad que busca constantemente recompensas inmediatas, y el momento de la compra es para nuestro cerebro una de ellas. Así, y si las compras se redujeran a un solo día no viviríamos con la tensión de llegar a comprar el chollo, pero es que la mayoría de los adeptos al “viernes negro” pasan horas llenando cestas en las miles de aplicaciones que tenemos a nuestra disposición para, por fin, el día “D”, sentir esa satisfacción.

La responsable de estas sensaciones es la dopamina o también llamada hormona del placer que cuando se activa nos impulsa a adquirir bienes. En la mayoría de los casos, ni el descuento es tan grande ni la satisfacción dura más de un día. Es más, muchos caen en una falta de control que, a posteriori, les hace sentir peor. Pero es que, además, en los días previos, el estrés se multiplica. Así lo avala un reciente estudio que desvela que 6 de cada 10 consumidores sienten estrés y ansiedad con el Black Friday.

Sin embargo, de lo que no cabe duda, es de que es ya un hábito que tenemos más que interiorizado. Por ello, tenemos que ser conscientes de aspectos como el presupuesto con el que contamos, si realmente deseamos ese producto, si consideramos necesario hacer esa compra, o si verdaderamente lo que estamos comprando sale a un precio competitivo -ya se han denunciado muchos casos en los que el precio es superior a periodos sin rebajas- y no lo adquirimos arrastrados por la vorágine de estos días.

Una fecha que ya cuenta con detractores

Si hay otro aspecto también a considerar del Black Friday, es la gran repercusión que sobre el planeta ejerce la compra compulsiva. Llama la atención que la sociedad en general, los gobernantes y las empresas impregnen todos sus discursos en torno a la sostenibilidad, pero que nadie ponga el punto en el impacto tan brutal del consumo en estos días.

En este sentido, ya hay muchos pequeños fabricantes de moda que apuestan por lo que denominan la slow fashion, con producciones de artículos de una mayor durabilidad y calidad que eviten dicho impacto negativo ya que, lo que es una realidad, es que sólo la industria de la moda es responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global.

Sin embargo, no solo sale perjudicado el medio ambiente, sino que los pequeños comercios o las marcas de producciones cortas no pueden adherirse a campañas de rebajas tan agresivas aludiendo al poco margen con el que operan. Otras firmas que trabajan de forma artesanal manifiestan que les es imposible mantener la calidad de sus productos con este tipo de campañas.

Del mismo modo se suman al rechazo del Black Friday, aquellas que han realizado grandes esfuerzos por relocalizar toda la producción en nuestro país. Una apuesta que debería de ser plausible por todos, pero que repercute directamente en los precios ya que hay que tener en cuenta aspectos tan simples como los sueldos mínimos que, por ley, debe cobrar cualquier trabajador español.

Sea como fuere, todo en su justa medida es bueno, pero no podemos dejar arrastrarnos por modas, impulsos o dejar de lado nuestras convicciones -como pueden ser las ambientales- solo por ir a la caza del supuesto “chollo”. Pero, sobre todo, no estaría mal pararse a pensar si toda esta invasión de ofertas nos genera un quebradero de cabeza.

En este contexto, os dejamos con el anuncio de Correos una de las enseñas más importante de nuestro país en el ámbito del sector transporte -agente fuertemente implicado en esta campaña- que ha preparado para el Black Friday. Sin lugar a duda, un pequeño momento para la reflexión.

Abrir WhatsApp
Hola,
¿En qué podemos ayudarte?

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para «permitir cookies» y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar» estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar